Una Salida al Cine
Ella se levantó
del asiento y él le miró las piernas estilizadas que seguían debajo de la
minifalda. Se levantó tras ella y salieron. La abrazó por el pasillo y se
sonrieron. En realidad no habían visto mucho de la película…
Al salir del cine,
una garúa muy finita se mezclaba con el aire cálido y daba una sensación de
frescura. Se tomaron de la cintura y comenzaron a transitar las dos cuadras que
los separaban del automóvil.
Él primero se
detuvo para besarla. Ella lo abrazó… El beso se hizo más profundo, más intenso.
Los cuerpos se alborotaron… Caminaron unos metros más y se encontraron
metiéndose ciegamente en un callejón obscuro. Él la puso contra la pared y
apoyo su masculinidad ya excitada sobre el vientre de ella. Le besó el cuello ardorosamente
y ella respondió con unos masajes en el trasero y unos gemidos casi inaudibles.
Las respiraciones se agitaron y las bocas se tragaron la una a la otra. Ella le
metió la lengua tan profundo como pudo, acariciando el interior de sus
mejillas, el interior de los labios… Los dientes chocaron, las lenguas se
empujaron… Las manos de él acariciaron fuertemente los pechos, excitando los
pezones. Metió su mano por debajo de la camisa y le desabrochó el corpiño.
Entonces sí, su boca los recorrió ávidamente, como si estuviese hambriento. Los
sorbió, los mordisqueó, los acarició e hizo todo cuanto sus instintos le
demandaban… Mientras tanto, ella lo iba despojando del pantalón liviano. Su
erección era más que inminente…. El gran miembro apuntaba directamente a su
vientre… Lo tomó con una mano y lo acarició suavemente primero y más
frenéticamente después. Él hizo correr sus manos hasta las nalgas
femeninas y las masajeó fervorosamente,
empujando la cadera femenina contra la propia… Los gemidos ya eran sólidos y se
oían claramente….
Él dejó correr un
dedo entre las nalgas de la chica y ese dedo acarició una zona tan erógena como
tabú, a lo que el cuerpo de la mujer
respondió con un sonido de placer… Ella pudo sentir el deseo entre las piernas, cómo manaba el calor de su
intimidad, humedeciendo la ropa interior…
Pronto la minúscula prenda cayó al suelo y la muchacha
levanto una pierna para enredarse a la cadera masculina también desnuda… Él
tomó su
sexo y la penetró. Se deslizó suavemente en su
interior y ella no pudo más que agradecer con un suspiro.
Comenzó el vai
ven, el sube y baja. Ella tenía la espalda contra la pared, la camisa de fina
gasa blanca revelaba los pechos inflamados y la minifalda flotaba alrededor de
la cintura. Él la tomó con ambas manos
por las caderas y comenzó a moverla más fuerte, con más exigencia….
Los gemidos
comenzaron a hacerse más audibles…. Él se movió con frenesí haciendo que las
nalgas y la espalda femeninas chocaran contra la pared. Ella cerró los ojos
para concentrarse en el más rotundo placer físico… Comenzó a sentir las
pequeñas gotas de lluvia sobre su rostro, eso la excitó aun más.. En poco
tiempo la lluvia se volvió más intensa. Podía sentir las gotas frías estrellándose contra la piel ardiente
en esa noche de verano. Los pezones endurecidos se revelaban bajo la tela de la
camisa adherida al cuerpo empapado.
Andrés también
conoció los eróticos efectos de la lluvia sobre la piel. Podía ver como las
gotas resbalaban por el escote femenino hasta perderse entre los senos de
Gloria.
Pronto él también
se precipitó dentro de ella, sacudiéndose en espasmos de placer. La bajó con
suavidad y le puso la ropa en su lugar al tiempo que le daba un fuerte beso en
los labios rojos. Ella le ayudó ponerse la ropa. Se apuraban como si no quisieran
mojarse, aunque ya estaban empapados.
Salieron del
callejón de la mano y caminando rápido… Corrieron divertidos bajo la lluvia
hasta el auto que los esperaba a un par de cuadras…
Al subirse al
coche Gloria no aguantó más y se abalanzó sobre la boca de Andrés casi
mordiéndolo. Él apenas se quejó y respondió sorbiendo con fuerza cuanto ella le
ofrecía. La zona estaba obscura, la lluvia inundaba el parabrisas polarizado.
Las manos frías de la chica comenzaron a
recorrer el vientre del muchacho… Le acariciaba los flancos haciéndole
eróticas cosquillas que lo enardecían nuevamente. Gloria bajó hasta el cuello,
bebió la garganta, succionó la yugular… Él recorrió el tronco femenino con las
manos abiertas y le arrancó la blusa mojada, dejando al aire los pechos
florecientes.. Así, una a una se fueron sacando las prendas que volaban hacia
el asiento de atrás…
En algún momento
alguno de ellos sugirió: “Acá no…” Pero sin hacer caso, siguieron buscándose el
sexo. Unos minutos más tarde Gloria se sentó sobre los muslos de Andrés…. Pudo
sentir una vez más el sexo masculino rozando su propio sexo, empujando el
clítoris y excitándola. Metió la mano entre los cuerpos húmedos y tomó el pene erecto. Lo acarició con
habilidad hacia arriba y abajo, con suavidad primero y luego con más urgencia.
Andrés echó la cabeza hacia atrás disfrutando de las caricias de la mujer… Los
sorprendió un golpe en la ventanilla del lado del conductor y una luz… La
reacción de Gloria fue la de esconder la cara en el hueco del cuello de él y
cubrió sus senos contra el pecho masculino.
El oficial de
policía encandiló a Andrés en cuanto él bajó la ventanilla. Lo miró con desdén.
-¿Tiene los
papeles del auto, registro?- el oficial alumbró la espalda femenina. La
observó, con toda malicia hizo correr la luz hasta el trasero de la mujer. La
observó sin reparos.
-Sí. - respondió
Andrés entre confundido y excitado.
-¿Y la señorita?
-Es mi mujer- mintió Andrés. El policía seguía mirando la desnudez de la
mujer. Le observó la curvatura de los senos desnudos, las nalgas, los muslos,
las caderas…- Aquí tiene.- Andrés le extendió unos documentos. El oficial los
miró sin prestar demasiada atención, en realidad, estaba más concentrado en
mirar a la mujer desnuda.
-Van a tener que acompañarme…- dijo,
como si en verdad lo lamentara y saboreando de antemano el ver la desnudez
femenina… Gloria salió de su escondite y lo miró en los ojos. Notó como el
oficial la observaba y disfrutó al pensar que ella lo excitaba.
- ¿Por qué?- se
apresuró la chica…
- Es delito
practicar sexo en la vía pública.- el policía disfrutaba de ese momento.
- Pero ya nos
vamos…- arguyó ella.
- Sí, ya nos vamos.-
reiteró Andrés. El policía puso cara de estar considerándolo mientras le observaba los senos a la chica.
- Mmmm. No sé…Yo
tengo que reportar estas cosas…- El oficial ya empezaba a excitarse con las
imágenes que le pasaban por la mente.
- Oficial, le
prometemos que ya nos vamos… Nadie sabrá lo que usted vio…- Gloria intentó
seducirlo con la voz… -Además comprenda, hoy nos estamos reconciliando y si
usted nos detiene vamos a tener que posponer la reconciliación… . -Gloria sabía
lo que decía. Sabía que el policía no podría resistir la tentación de imaginar
cómo se reconciliarían. Las poses sexuales en las que disfrutarían mutuamente
de sus cuerpos.
- Está bien.
Váyanse. - El oficial finalmente cedió.
Andrés
cerró la ventanilla. Ambos largaron una carcajada y después se besaron. Ella
aún estaba sentada sobre él, con los pezones excitados rozando el torso
masculino. Mientras el beso iba cobrando pasión Gloria podía sentir cómo el
miembro viril recobraba la erección interrumpida.
La
lluvia era más fuerte todavía y golpeaba con violencia sobre el techo y los
vidrios del automóvil. Una ráfaga de excitación salvaje los recorrió. Gloria se
levantó un poco. La cabeza le golpeó en el techo. Andrés le recordó que habían
prometido irse, pero ella solo se rió. Se sentó sobre el sexo duro y agigantado
de Andrés. Todo lo que deseaba era sentirse poseída otra vez. Cuando lo tuvo
dentro gimió como una gata. Él comenzó a mover las caderas. Gloria sentía
intensas ráfagas de calor y de profundo placer a la vez que subía y bajaba
haciendo que el miembro de su hombre se deslizara por su interior empapado y
tibio.
Andrés le acariciaba las nalgas descaradamente. A
cada oleada de gozo ella emitía un gemidito y se arqueaba, entregándole los pechos para que él se los
chupara y mordisqueara. Le tomó uno de los pezones entre los dientes y tironeó
de él delicadamente. El espasmo de placer hizo que ella comenzara a rebotar
frenéticamente sobre él. Estaba ciega de deseo y excitación. No buscaba otra
cosa que no fuera satisfacer el deseo que clamaba desde el centro de sus
entrañas. Con cada movimiento, la cabeza de Gloria pegaba en el techo,
incitándola más y haciéndola reaccionar más salvajemente aún.
Andrés
le ayudaba a subir y bajar sosteniéndola por la cintura y acompañando el
movimiento pélvico con toda su potencia de hombre. Siguieron en esa fricción
desesperada durante varios minutos más hasta que ella no pudo resistir más el
disfrute de sentir aquel roce tan íntimo y enloquecedor. Gloria acompañó el
orgasmo con un grito que le salió desde la garganta… Ella se desplomó y quedó
abrazada a su pareja sin moverse. Pero aún él no terminaba. Andrés la re incitó
con unos besos muy profundos en la boca. Y quiso cambiar de posición. Entonces
la apartó y él mismo se sentó en el asiento del acompañante, tomó nuevamente a
la mujer por la cintura y la sentó sobre su miembro que, parecía haber crecido
aún más. Gloria se quejó cuando sintió a su hombre reclamar aquel lugar
“prohibido” . El ardor era algo increíblemente excitante y provocador. Ambos sonreían. Élla retomó el movimiento
ascendente y descendente, como si el mar la meciera. Andrés pasó las manos por encima de los muslos
femeninos y comenzó a incitar aquel lugar tan febril de su anatomía. El dolor y
el placer venían por ráfagas, tan intensas, que temía quedar agotada antes de
llegar al punto máximo. Los movimientos se hicieron más bruscos y la chica puso
las manos sobre la luneta para no caerse.
La
lluvia caía torrencialmente sobre el parabrisas… Los vidrios estaban empañados,
pero dentro del automóvil, el calor era agobiante y bajo la humedad de la
lluvia anterior, iban surgiendo las gotas de sudor… Finalmente Andrés alcanzó
su orgasmo y se derramó, tibio y abundante dentro de Gloria.
Se
quedaron quietos, exhaustos y doloridos por unos momentos. Ella se echó hacia
atrás recostándose sobre su pecho. Tras
unos minutos se volvieron a vestir con la ropa mojada. Andrés condujo sin
hablar hasta la casa de Gloria. Ella aún podía sentir el calor, el ardor de la
fricción y la humedad en su interior que le recordaban permanentemente la
lujuria de esa noche.








